No todos los niños tienen facilidad o interés por aprender un idioma, o por aprender cualquier materia en general.
Ya desde bebés en una guardería bilingüe, puedes darte cuenta qué niños están mas predispuestos o motivados para aprender inglés: estos niños escuchan fascinados, responden con gestos, cantan, ríen y sobre todo aprenden, comprenden lo que les estas diciendo.
El resto del grupo, tiene otros intereses, otros talentos, y es la tarea del maestro descubrirlos y motivarlos para que aprendan el idioma. Por esta razón las clases tienen que ser animadas, divertidas, y que abarquen todos los posibles intereses de los niños.
Hay niños que son más activos, otros más tímidos, otros musicales, otros visuales, otros necesitan mover el cuerpo y tocar y experimentar para poder aprender; entonces, si no les gusta aprender inglés naturalmente, les puede encantar la clase, los juegos de la maestra, e intentar comunicarse con esa teacher que al principio no le entienden nada pero que poco a poco van comenzando a comprender y mas tarde a poder comunicarse con ella.
Una vez, en un curso al que asistí hace algunos años, un profesor comentó que los niños no tienen una motivación concreta para aprender inglés, muchas veces no saben para qué lo están estudiando. A diferencia del adulto que puede querer viajar, o tener mejores posibilidades laborales, el niño pequeño encuentra extraña la idea de que le va a servir cuando sea mayor y la conclusión a la que llegamos fue que la única motivación concreta sería poder comunicarse con su dulce, simpática y querida maestra.
Por eso la tarea del profesor de inglés en el aula es tan importante.